Una oportunidad que pudo ser mucho mejor

Como fanático de Dragon Ball y de la saga Budokai Tenkaichi, esperaba que Dragon Ball: Sparking! ZERO fuera el regreso definitivo de una de las franquicias más queridas de los videojuegos. Visualmente, el juego cumple con creces: los gráficos son espectaculares, los efectos de las transformaciones impresionan y el enorme plantel de personajes es un sueño para cualquier seguidor de la serie.

Sin embargo, después de varias horas de juego, terminé con una sensación de decepción.

El mayor problema, desde mi punto de vista, es que el juego prioriza demasiado la complejidad del combate sobre la diversión inmediata. Gran parte de la experiencia gira en torno a dominar bloqueos, esquivas y contraataques, lo que puede resultar atractivo para quienes buscan competir en línea, pero menos entretenido para quienes simplemente quieren disfrutar peleas épicas con sus personajes favoritos.

El modo historia también me dejó con ganas de más. Muchas escenas importantes se sienten apresuradas y se presentan con imágenes estáticas en lugar de cinemáticas que transmitan la emoción que caracteriza a Dragon Ball. Después de haber jugado títulos como Dragon Ball Z: Kakarot, esperaba una narrativa mucho más cuidada.

Otro aspecto que me llamó la atención fue la inteligencia artificial. En varios combates parece abusar de ciertas mecánicas, obligando al jugador a repetir estrategias similares para avanzar. Esto hace que algunas peleas pierdan variedad y terminen sintiéndose repetitivas.

No considero que Sparking! ZERO sea un mal juego. Tiene un apartado gráfico excelente, un enorme contenido y un gran potencial para quienes disfrutan del modo competitivo. Sin embargo, siento que dejó de lado parte de la esencia que hizo tan especiales a los Budokai Tenkaichi: esa diversión inmediata que permitía disfrutar cada combate sin necesidad de dominar un sistema de juego tan exigente.

Quizá con futuras actualizaciones logre alcanzar todo su potencial. Pero hoy, como fan de Dragon Ball, me quedo con la sensación de que este regreso pudo haber sido mucho más memorable.

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